Rescate de la tripulación y reflotamiento del BAP Pacocha

Posterior al hundimiento del Titanic, el mundo entendió la necesidad de proteger la vida humana en el mar y en 1914 se firmó el Convenio SOLAS en el cual se exigía botes de salvamento y procedimientos de emergencia. La última versión del SOLAS establece el GMDSS (Sistema Mundial de Socorro y Seguridad Marítima) sin embargo en el Perú, constantemente las embarcaciones de pesca artesanal presentan fallas mecánicas quedando al garete, generando situaciones que ponen en peligro la vida humana y que requieren un gran esfuerzo de búsqueda y rescate (SAR), debido al reducido tamaño de estas y a que un número importante de estas embarcaciones salen a pescar sin equipos de emergencia abordo.

Rescate de la tripulación y reflotamiento del BAP Pacocha

Notapor Luis Alfaro Garfias » Mar Ago 31, 2010 12:19 pm

Interesante artículo del rescate y tratamiento de la tripulación y reflotamiento del BAP Pacocha

Por el Dr. Oswaldo Castro Alfaro
Medicina Hiperbárica y Subacuática

El B.A.P. Pacocha (SS-48) fue construido por la Marina Norteamericana con el nombre de USS ATULE (SS-403). Su construcción se inició durante la Segunda guerra Mundial, en los Astilleros de Portsmouth, N.H., el 25 de noviembre de 1943. Recibió la orden de incorporarse a la Fuerza de Submarinos del Pacífico. En el transcurso de su servicio en la Marina Norteamericana, cumplió eficientemente importantes misiones. En su record de hundimientos, cuenta con más de 2,700 toneladas, figurando como sus blancos principales: el transporte Asame Maru de 16,975 toneladas, el buque Barreminas N 38, el transporte Santos Maru de 2,660 toneladas, el transporte Taima Maru N 1 de 6,888 toneladas.

En 1974, la Marina de Guerra del Perú inició ante el Jefe de Operaciones Navales de los EE.UU las gestiones para la transferencia de dos submarinos. La comisión seleccionó los submarinos Atule y Sea Poacher y el 1 de julio de 1974 se llevó a cabo la ceremonia de entrega formal de estas unidades y el afirmado del pabellón nacional en el B.A.P. La Pedrera (ex Sea Proacher) y en el B.A.P. Pacocha (ex Atule). Hasta antes de su hundimiento fue una excelente unidad, cumpliendo todas las operaciones de entrenamiento y patrullajes programadas, logrando estar entre las tres unidades con mayor número de millas navegadas, superando de esta manera a los submarinos alemanes de última generación con que contaba la Marina Peruana en aquellos tiempos.

La tarde del 26 de agosto del 1988, el B.A.P. Pacocha (Clase Guppy IA, 93.80 metros de eslora, 1870 toneladas de desplazamiento en superficie, 55 tripulantes a bordo) se preparaba para llegar a la rada del puerto del Callao, encontrándose a 3.25 millas de la misma. Había participado junto a otras unidades navales en ejercicios programados desde las 07:45 hrs. hasta las 16:45 hrs. A las 18.36 hrs. la calma se terminó. Se escuchó una larga pitada de la sirena del submarino y la orden: ¡Adelante a toda fuerza!

A pesar de las maniobras efectuadas nada se pudo hacer. De pronto un gran estruendo remeció todo y logró desestabilizar a los que se encontraban en su interior. El sonido inicial hizo creer a más de uno que se trataba de una explosión pero inmediatamente corrió la voz: ¡Colisión por proa! El choque provocó un incendio en la máquina de controles por lo que el submarino perdió propulsión y energía eléctrica. La oscuridad solamente era interrumpida por alguna de las linternas que aún funcionaban.

De los 55 tripulantes, veintiséis saltaron al agua y permanecieron flotando hasta su rescate final. Estuvieron afectados por hipotermia, traumatismos diversos y bajo los efectos de los gases tóxicos inhalados. Tres quedaron atrapados en el compartimiento de máquinas de proa y murieron al intentar realizar maniobras de control de averías. Cuatro, incluyendo al comandante de la nave, perdieron la vida como producto de la colisión.

Veintidós submarinistas se refugiaron en el compartimiento de torpedos de proa e hicieron el escape libre hacia la superficie, usando el chaleco Steinke- Hood, desde una profundidad de 137 pies.

Todos arribaron a superficie y recibieron tratamiento recompresivo. Estuvieron atrapados entre 16 y 23 horas a una profundidad promedio de 90 pies de agua salada, constituyendo un buceo excepcional.

Evidentemente, todos incurrieron en Enfermedad descompresiva e increíblemente ninguno emergió con Embolia traumática por aire. El no haber presentado esta última, demostró lo bien preparada que estaba la tripulación para realizar el escape libre. Lamentablemente, fallecieron dos de ellos, uno por coagulopatía de consumo secundaria a Enfermedad descompresiva tipo II durante el tratamiento en cámara hiperbárica y el otro por secuelas neurológicas debidas a la misma entidad, meses después en el Centro Médico Naval.

La colisión producida por el pesquero japonés Kiowa Maru (412 toneladas) produjo en el casco resistente del BAP Pacocha una fisura de aproximadamente 2 metros de largo por 10 centímetros de ancho, que lo envió a descansar al fondo del mar, en un lecho de fuertes correntadas, 14 º C de temperatura y visibilidad casi nula. Pareciera que la historia de la Segunda Guerra Mundial se repitiera en aguas peruanas, pero al revés.


Declarada la emergencia, acudió al Servicio de Salvamento de la Marina de Guerra del Perú el equipo de especialistas en Medicina Hiperbárica y Subacuática, jefaturado por el Dr. José Haro e integrado por los doctores César Ordóñez, Fernando Sierralta, James Gutiérrez, Daniel Vilela, Eduardo Murata y Oswaldo Castro, todos médicos de la Sanidad Naval. Para enfrentar esta emergencia hiperbárica, el Servicio de Salvamento contaba con su habitual cámara hiperbárica multiplaza, así como con la cámara de Underwater Service S.C.R.L. (empresa privada que operaba en el zócalo continental de Talara en trabajos de prospección petrolera) y que por curiosa y providencial ocurrencia del destino permanecía aún en sus instalaciones finalizada la operación de rescate del avión Fokker de Aviación Naval, caído en el mar de Ventanilla a 60 pies de profundidad con el equipo de fútbol de Alianza Lima (Diciembre de 1987) y que luego fue embarcada en una grúa flotante para brindar tratamiento recompresivo inmediato en caso la situación médica así lo requiriera.

Finalmente, el Servicio de Salvamento había trasladado dos meses antes a sus instalaciones la cámara hiperbárica multiplaza de la Fuerza de Operaciones Especiales a fin de ponerla operativa. En pocas palabras, el Servicio de Salvamento contaba sin proponérselo con tres cámaras hiperbáricas multiplaza para afrontar este accidente, hecho notablemente inusual y que fue decisivo para lograr el tratamiento recompresivo de los submarinistas sobrevivientes rescatados. En circunstancias normales y contando con su única cámara hiperbárica, el Servicio de Salvamento no se hubiera encontrado en condiciones logísticas de atender esta emergencia hiperbárica y con seguridad se habría asistido a una elevada morbi-mortalidad.

A medida que los submarinistas atrapados ganaban la superficie eran evaluados in situ para determinar su gravedad y proceder al tratamiento recompresivo de emergencia en el lugar del accidente o evacuarlos a la Base Naval del Callao. Como consecuencia de este accidente, actualmente los veinte submarinistas sobrevivientes se hallan afectados por osteonecrosis disbárica.

Reflotamiento del BAP Pacocha

El Servicio de Salvamento realizó la operación de reflotamiento del submarino hundido. Ciento tres buzos trabajaron a una profundidad promedio de 137 pies (40 metros), realizando 2301 inmersiones tanto en exteriores como interiores, destinadas a recuperar cadáveres, sellar la avería para completar la estanqueidad de los compartimentos, abrir, cerrar y colocar válvulas y acoples de mangas, entre otros múltiples trabajos que dieron como resultado el soplado final.

Fueron once meses de intensa labor que finalmente dieron sus frutos el 23 de julio de 1989 en que la embarcación fue rescatada de las profundidades. Durante todo este tiempo los médicos hiperbáricos desarrollaron una labor de excepción, manteniendo guardia embarcada permanente y vigilante ante las ocurrencias médicas que se presentaron. El soporte médico se basó en dos cámaras hiperbáricas multiplaza, una situada en el Servicio de Salvamento y otra embarcada en la plataforma de buceo, B.A.P.”DUEÑAS”, segundo hogar del equipo de reflotadores durante once meses.

Los buceos fueron hechos con equipos dependientes de superficie, Superlite 17B y Hook-ah, así como con SCUBA. Se empleó la descompresión en cámara con oxígeno y la tabla estándar de descompresión con aire en el agua. Esta titánica labor permitió que sólo se asistiera a menos del cuatro por ciento en cuanto a incidencia de enfermedades de buceo, cifra perfectamente razonable para una operación de tal magnitud. Se llevaron a cabo 44 y 5 tratamientos de Enfermedad Descompresiva tipo I y II respectivamente, 2 por Sobrepresión pulmonar y 1 de Embolia traumática por aire.

En el verano de 1989, visitaron nuestro país los oficiales médicos de la Marina Norteamericana, Drs. Claude Harvey y John Carson, a informarse sobre los acontecimientos suscitados en el tratamiento de los submarinistas, llevando sus conclusiones a un artículo publicado en los Estados Unidos (The B.A.P. Pacocha (SS-48) Collision: The Escape and Medical Recompression Treatment of Survivors. Claude Harvey, M.D., John Carson, M.D. Naval Health Research Center, 1989. Rec-3/89). En 1990, en el Symposium Anual de Reflotamiento celebrado en Hawai, el trabajo del reflotamiento del BAP PACOCHA mereció la distinción de ser la mejor operación de salvamento a nivel mundial de ese año. Asimismo, permitió comunicar a la opinión médica mundial el éxito conseguido desde el punto de vista de la Medicina Hiperbárica y Subacuática en el tratamiento y manejo tanto de los submarinistas atrapados como del personal de buzos involucrados. Ese mismo año se publicó el seguimiento inicial del personal participante en el reflotamiento, sospechoso de ser portador de Osteonecrosis Disbárica, por los especialistas del Centro Médico Naval. Al igual que los submarinistas sobrevivientes, el 50 % de los buzos comprometidos en los trabajos de reflotamiento presentan también Osteonecrosis Disbárica a veintidós años del hundimiento, siendo posible que dicha incidencia siga incrementándose. En relación a esta ocurrencia que afecta a los submarinistas y buzos involucrados en el accidente y posterior reflotamiento del B.A.P. “PACOCHA”, la Dirección de Salud de la Marina ha nombrado una Junta de Sanidad permanente a fin de continuar con el diagnóstico, seguimiento y tratamiento del personal afectado.

Mayor información y gráficos del rescate y reflotamiento en:

http://www.gpsbuceo.com/oficial/hundimi ... acocha.htm
Luis Alfaro Garfias
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